Foto: Carlos Díaz. En Democracia peruana
Por César Hildebrandt
26 de diciembre, 2011.- Lo mejor del año fue la resistencia de
Cajamarca. Lo peor fue el golpe de Estado blanco gracias al cual los
perdedores de las elecciones volvieron a ganarlas, demostrando que el
Perú no es sólo un país que padece del más gracioso narcisismo sino
también un disco rayado, una obstinación de la quietud, un homenaje a
sus tradiciones. Ollanta Humala llegó al poder montado en una ola de
cólera provincial y ciudadana. Ahora se olvidó dé la cólera y monta el
alazán que Pardo sometía con gracia, que Leguía veía correr en Santa
Beatriz. Ese caballo único y eterno de nuestra historia circular tiene
orejeras y una sola dirección: a la derecha y al galope, Gran Chaparral,
Bonanza pura.
Al señor Humala debería producirle reflejos nauseosos el hecho de que
Alan García, ese Caco, lo esté elogiando de un modo tan arrebatado.
Pero el señor Humala se está acostumbrando a todo y la proximidad
afectiva de García no lo espanta. Es que una cosa es con guitarra y otra
es con cojón. Y mister Húmala ha preferido la guitarra y cantará a dúo
con García (ya verán) algún valse de Los embajadores criollos. Que para
eso están los arreglos y de eso se trata la política que se aprende en
Palacio: arte de ciénagas, trasvase de sanguaza, cáncer y sida a la vez.
Y como la política peruana es esa rata protagónica, entonces vendrá
el indulto y tendremos a dos Cacos, dados al homicidio en sus ratos
libres, a García y Fujimori, plenamente regresados y vigentes. ¿Para qué
fuimos república? ¿Por qué la hipocresía? ¿Por qué no llamarnos lo que
somos? ¿O es que no somos, acaso, un califato, un chiste malo de
velorio, la Disneylandia de las apariencias? Porque si la democracia
consiste en que te roben el voto y en que el que prometió cambios
aparezca como el garante de la conservación, entonces me declaro
no-demócrata estepario. ¡Vayanse al carajo con su carpa!
Y viene el Caco mayor, el García, y nos da lecciones de optimismo.
Claro, es un hombre feliz: ha robado como pocos, ha matado como muchos,
ha podrido capítulos enteros de la historia reciente, y ahora se ha
asegurado una nueva impunidad. Disfrazado de viejo magistral, habla de
“la continuidad” que ahora Humala representa. Y el presidente de la
República no se aparta ni se tapa la nariz. Agradece con su silencio.
Pisa el charco. Se suma a la legión de salpicados.
Hace lo mismo que hizo su bancada cuando, esta semana que pasó, se
adhirió a la ley propuesta por Javier Bedoya de Vivanco, el hermanito de
Luis Bedoya de Vivanco, aquel que recibió 25.000 dólares de Vladimiro
Montesinos. Javiercito es el hermano brutón del esfumado Luisito y ambos
son vastagos de don Luis Bedoya Reyes, el hombre que fundó un partido
en una suite del Hotel Crillón y con plata de Luis Banchero Rossi, el
pesquero asesinado. Para que el círculo termine de cerrarse, recordemos
que Humala condecoró y elogió hace poco a don Luis Bedoya Reyes, que,
aparte de ser el padre profético de Luis y Javier, fue abogado de
Cementos Lima y de cien empresas más que lo bancaron durante todos estos
años (porque el sueño de la derecha más rapaz fue que Bedoya, que leía
estrictamente “Condorito”, gobernase el Perú subido a un Caterpillar).
La llamada “ley mordaza” es un auténtico peligro. Más allá del uso
que hayan podido darle algunos periodistas miserables al chuponeo, lo
cierto es que entregarle a un juez churrupaco o a un fiscal venal la
calificación de qué cosa es de interés público es un paso de gigante
hacia la censura.
¿Se imaginan a Blanca Nélida Colán o a Miguel Aljovín dictaminando
sobre esa materia? ¿O al mismo y actualísimo doctor José Peláez Bardales
calificando su propio audio, ese en el que hablaba con Mario Vélez,
socio de Alberto Químper, sobre cómo favorecer a Julio Vera Abad?
Que la prensa grande no haya hecho escándalo sobre esta materia dice
mucho sobre la situación actual. Parte de esa prensa está tan sucia, tan
hundida en diversos intereses que nada tienen que ver con la libertad
de expresión, que no extraña que apenas proteste por la ley aprobada en
el Congreso de Abugattás. Total, pensarán los capitanes de algunos
periódicos y televisiones, quizá con esta ley me libre de que algún
enemigo saque los audios que nos registraron recibiendo órdenes,
intercambiando beneficios, pidiendo favores, canjeando mudeces.
¿Se imaginan qué llamadas debe haber por allí entre los directivos de El Comercio
y las gerencias de Canal 4, ahora que han terminado de botar a Laura
Puertas para hacer de Cuarto Poder el magazine soñado, el
entretenimiento capón, el cojudeo?, ¡La caja boba terminó en caja chica!
Alan García desacreditó la elocuencia y ahora difama al optimismo. Ollanta Humala debería nombrarlo su asesor.
Por eso este modesto servidor ha pedido, como regalo de las navidades
en las que no cree, un Perú de lego y cartón piedra donde los
presidentes no hagan de mandaderos y los mineros no hagan de ministros y
las promesas no sean basura y del cielo no llueva pichi que se crea
maná. Que Papá Noel se apiade y me lo mande, por favor.
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Fuente: Publicado en el semanario Hildebrandt en sus trece, viernes 23 de diciembre de 2011, Año 2 Núm. 87.
Fuente: Publicado en el semanario Hildebrandt en sus trece, viernes 23 de diciembre de 2011, Año 2 Núm. 87.
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